La Intimidad del acto Pedagógico siempre me ha resultado un acto hermoso, terrible y peligroso, donde se mezcla tanto la idea de cada hombre, como de toda ciencia, todo arte, toda religión y toda filosofía.
Porque la Pedagogía no es ese alarde escénico donde se desarrollan virtual y simbolicamente unos datos, unos contenidos o una información; sino más bien, que la Pedagogía es ese crisol de fuego y carne verdadera, donde por aplastamiento de huesos, de miembros y de sílabas se rehace el mito de hacer unas vidas.
Si se me comprende bien se verá en esto un acto de génesis verdadera que a todo el mundo tendría que resultarle absurdo y humorístico que se quisiera llevar al plano de la vida real, pues nadie cree en este momento que el cuerpo pueda cambiar sino es por el tiempo o la muerte.
Pero, yo repito que la intimidad del acto pedagògico es ese crisol de fuego y carne, donde por aplastamiento de huesos de miembros y de sílabas se rehace el mito de hacer unas vidas.
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